El hombre de ladrillo—Unas palabras para Salmona

Publicado en Dec 11, 2007. Bajo la categoría Artículos. Leave a comment?

“Me parezco al que llevaba
un ladrillo consigo,
para mostrarle al mundo
c�mo era su casa”.
(Bertold Brecht)

Si hay alg�n humano oficio al que podamos comisionar la imposible tarea de construir el mundo para el hombre, ese es tal vez el del arquitecto. Te�cratas, masones y m�sticos ven en Dios �€“o en su propia idea de lo que Dios es�€“ al sumo arquitecto del mundo. Y pueden no estar equivocados.
Creo quiz� que la primera y una de las m�s eficaces y nobles formas de perpetuaci�n a trav�s de la propia obra es esa. Envidio a quienes han sido bendecidos con tama�±o arte, y a la vez me lamento de no estar entre tan privilegiadas filas.
Si hoy en el irregular conjunto urbano que es Bogot� impera el naranja oscuro como el m�s frecuente color. Si hoy no nos averg�¼enza el noble y cuadriculado aspecto del ladrillo a la vista en residencias de todas las especies y precios. Si hoy por el contrario �ste se constituye en uno de los sellos que identifican a esta ciudad, para bien o para mal, ello se debe en parte a los po�ticos e inteligentes oficios de Rogelio Salmona.
�‰l, hasta su �ltimo d�a, modesto, como casi todo buen creador �€“como casi todo generoso creador�€“, lo neg�. �€œA m� me gusta usar el ladrillo, que se hace con el barro y da trabajo a mucha gente”, dec�a.
Disc�pulo de Le Corbusier, otro de aquellos urbanistas, cuyos fallidos proyectos no consiguieron cristalizarse en la siempre ca�tica Bogot�, Salmona es sin duda uno de aquellos hombres a quienes su obra sobrevivir�.
Puede que pocos transe�ntes de todos los d�as lo sepan. Pero en inmediaciones del sector de La Macarena hay tres edificios a los que se denomin� Torres del Parque, tal vez una de las siete discretas maravillas arquitect�nicas de la ciudad.
Es posible que sean pocos quienes se detengan a recordarlo, pero a�n hoy, a un d�a de su muerte est� en proceso la edificaci�n del Centro Cultural del Fondo de Cultura Econ�mica, otro de los muchos garantes de que su trabajo se mantendr� afincado a la inconsciente y consciente conciencia de los bogotanos. Todo un m�rito en una ciudad en donde la constante sigue siendo la inconstancia.
Habr� quienes sigan diciendo, como �l mismo lo hizo, que el conjunto de la Calle 27, est� saturado de errores. Que habr�a podido ser mejor. Que el pretencioso nombre de Eje Ambiental no se acomide con la realidad de la obra. Que la Casa de Hu�spedes Ilustres es una maestra obra a la que el colombiano com�n s�lo conocer� a trav�s de fotograf�as, o que el Archivo General de la Naci�n se ir� haciendo peque�±o con el transcurrir de los a�±os.
Pero no habr� quien pueda afirmar, sin recibir justas acusaciones por insensatez, que no hubo un hombre llamado Rogelio Salmona, cuya impronta se sentir� mientras haya algo llamado Bogot�.
Ruego al gran arquitecto universal que a la vuelta de 20 a�±os no se le ocurra a alg�n curador corrupto o a cierto infame constructor echar abajo siquiera una de estas incomparables edificaciones.

Por ahora la historia se repite otra vez�€¦La muerte no sabe de arte. �¿O ser� que es, m�s bien, y como lo dijo otro de los actuales habitantes del infinito cielo de creadores fallecidos que la muerte en s� misma es una forma de arte?

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