Al
iniciarse el siglo XX, carrozas como hacían
fila en la Plaza de Bolívar en espera de ser
contratadas por espontáneos usuarios.
El fenómeno se prolongó incluso hasta
después de la llegada del automóvil
de servicio público, ya en los años
diez.
Como es lógico, la utilización de coches
tirados por caballos, aunque pública, eran
privilegio de las clases altas. |