Hoy, en tiempos de parques lineales, ciclorutas
y demás iniativas contemporáneas,
el gran Parque de la Independencia es, sin duda
y visto en retrospectiva, uno de los proyectos arquitectónicos
de mayor envergadura emprendidos en la Bogotá
de principios de siglo.
La historia nos cuenta que, con motivo de la celebración
del primer centenario de la independencia nacional,
se realizaron en la capital diversos eventos de
relativa majestuosidad, entre ellos la erección
de este verde emplazamiento.
A lo largo de su extensión se construyeron
tres heterogéneas edificaciones. La idea
era que ellas representara cada uno de los logros
de la humanidad en toda su historia.
El Pabellón de las Artes, El Pabellón
de las Máquinas, El Pabellón Egipcio
y un estanque, son conceptos que hoy no ofrecen
más que una vaga idea de la grandeza del
parque.
De entonces sólo queda el "kiosco de
la luz”, construcción circular en muy
precarias y desaseadas condiciones, que no obstante
da testimonio de la belleza antañona.
Hoy, por causa de la ampliación de avenidas
y de una política clara de conservación,
el Parque de la Independencia tiene la tercera parte
de su tamaño original.