Se calcula que para 1939, en la década inmediatamente
anterior, tan solo en Bogotá se habían consumido
27.000.000 de litros de chicha.
Cuentan los cronistas que las fábricas caseras de
chicha eran caldo de cultivo para toda suerte de infecciones,
contravenciones a la higiene y prácticas malsanas.
Desde 1948, la existencia de chicherías y expendios
de este "sedimento inmundo" como se llamo entre
algunos círculos intelectuales de la época,
había sido prohibida.
Algunos opinan, no obstante, que tal prohibición
obedeció más a un afán por favorecer
los intereses de la familia cervecera Kopp, que a un genuino
espíritu altruista.