Hasta principios
de los cincuentas, en las inmediaciones del sector
aún conocido como El Lago, en Bogotá,
se avizoraba el imponente Lago Gaitán, circundado
por un parque de diversiones. Era propiedad -entre
otros- del precursor de la cinematografía en
Colombia, Alfonso Acevedo Bernal.
El lago era uno de los lugares de jacaranda preferidos
por la sociedad cachaca de los treintas y cuarentas.
Entre sus atracciones se contaban una rueda de Chicago,
paseos en bote y económicos recorridos en
monomotores.
Por dolorosas e inexplicables razones hoy no queda
vestigio alguno de su existencia, salvo las edificaciones
inclinadas que hoy se erigen en su suelo, algo del
todo lamentable si tenemos en cuenta que algunos
representantes de la más pura raigambre bogotana
lo equipararían al “Conny Island”
norteamericano.
Su desaparición aún es digna de estudiarse,
aunque a la fecha nadie ha señalado a culpable
alguno de tal depredación urbanística.