En los cincuenta, aún prevalecía la típica
costumbre de "El Septimazo", hábito consistente
en recorrer los andenes de la Avenida Séptima sin
mayor pretensión que la de "salir de paseo".
Ya por entonces se calificaba de "mercado indecoroso"
a lo que hoy correspondería al más urbanístico
concepto de "contaminación visual":